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Los 8 problemas de la última milla que le cuestan plata a tu empresa

Kevin Collio·7 de octubre de 2026
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Los 8 problemas de la última milla que le cuestan plata a tu empresa

Un producto puede cruzar un océano sin sobresaltos y aun así fallar en los últimos kilómetros. La última milla, el tramo que va desde el centro de distribución hasta la puerta del cliente, es el más corto de toda la cadena y, al mismo tiempo, el que más problemas concentra.

No es casualidad. Es el único tramo donde la operación deja de depender solo de ti y pasa a depender de la ciudad, del cliente y del reloj.

Por qué la última milla es distinta

En el transporte de larga distancia mueves mucho volumen hacia pocos destinos. En la última milla pasa lo contrario: poco volumen hacia muchísimos destinos, cada uno con su dirección, su horario y su propia forma de recibir. La eficiencia que ganas consolidando carga en un camión se pierde cuando ese camión tiene que detenerse decenas de veces en un día.

Por eso es habitual que sea la parte más cara de la entrega por unidad despachada, y también la más visible: es la única que el cliente final ve con sus propios ojos.

Los problemas que más se repiten hoy

1. Entregas fallidas

El cliente no está, la dirección está incompleta, el conserje no recibe, el número de contacto no contesta. Cada intento fallido es un viaje que se paga dos veces: el que no resultó y el que hay que repetir. Y entre medio, un cliente molesto preguntando dónde está su pedido.

2. Expectativas de rapidez que no paran de subir

Lo que hace unos años era un buen servicio hoy se percibe como lento. El despacho en el día o al día siguiente dejó de ser un diferenciador y pasó a ser lo esperado, incluso para empresas que no tienen la escala de los grandes del e-commerce. La presión llega igual, tengas o no la estructura para responderla.

3. La ciudad juega en contra

Congestión, falta de zonas de carga y descarga, restricciones de circulación, edificios sin estacionamiento para despachos, condominios con accesos controlados. Una ruta que en el papel toma cuatro horas puede tomar seis, y esa diferencia rara vez está considerada en la planificación.

4. Falta de visibilidad

Este es probablemente el problema más subestimado. Cuando el pedido sale de bodega, muchas empresas dejan de saber qué pasa con él hasta que alguien llama para reclamar. El estado del despacho vive en el teléfono del conductor, en un grupo de WhatsApp o en la memoria de quien coordina. Sin trazabilidad no hay cómo avisar al cliente a tiempo, ni cómo saber dónde se está perdiendo la plata.

5. Costos difíciles de controlar

Combustible, mantención, horas extra, reintentos, devoluciones. Son costos que se acumulan de a poco y que casi nunca se miden por entrega. El resultado es que muchas empresas ofrecen despacho sin saber realmente cuánto les cuesta cada uno.

6. Picos de demanda

Eventos de venta online, fin de mes, Navidad. La demanda se multiplica por unos días y la capacidad no. Contratar flota adicional a última hora suele significar pagar más por un servicio menos confiable, justo cuando más clientes están mirando.

7. Logística inversa

Las devoluciones son una última milla al revés, con una dificultad extra: nadie las planificó. Hay que retirar, revisar, reingresar a stock o dar de baja, y todo eso tiene un costo que normalmente no se contempla en el precio de venta.

8. Flota tercerizada y coordinación informal

Buena parte de la última milla se resuelve con transportistas externos coordinados por llamadas y mensajes. Funciona mientras el volumen es bajo. Cuando crece, aparecen los problemas: nadie sabe con certeza quién lleva qué, los comprobantes de entrega llegan tarde o no llegan, y cualquier reclamo se convierte en una investigación.

El problema de fondo no es el camión

Si miras la lista con atención, casi ningún punto se resuelve comprando más vehículos. La mayoría son problemas de información: direcciones mal capturadas, clientes que no fueron avisados, estados que nadie registró, costos que nadie midió.

Las señales de que tu operación ya llegó a ese punto son claras:

  • Te enteras de un despacho fallido cuando el cliente reclama

  • No sabes cuántas entregas se reintentaron este mes

  • El comprobante de entrega es una foto perdida en un chat

  • Cada transportista reporta a su manera, o no reporta

  • No puedes decir cuánto te cuesta, en promedio, un despacho

Si reconoces dos o más de estas situaciones, el problema no es de esfuerzo. Es de orden.

Por dónde empezar

No hace falta una transformación completa para mejorar. Hay cuatro pasos que marcan la diferencia y que cualquier empresa puede dar:

  • Capturar bien los datos desde la venta. Dirección completa, referencia, teléfono y horario de recepción. La entrega fallida casi siempre empieza en un formulario incompleto.

  • Avisar antes de llegar. Un mensaje al cliente con el día y el rango horario reduce los intentos fallidos más que cualquier optimización de ruta.

  • Registrar cada estado en un solo lugar. Despachado, en ruta, entregado, fallido y por qué. Que no dependa de la memoria de nadie.

  • Medir. Entregas al primer intento, motivos de fallo y costo por despacho. Lo que no se mide no se puede mejorar.

Ordenar la información es el primer paso

En GOxT trabajamos con empresas chilenas que mueven carga y que venían coordinando todo por llamadas, WhatsApp y planillas. Sabemos que la tecnología por sí sola no arregla una operación, pero también sabemos que sin información ordenada no hay forma de mejorarla.

Si tu última milla hoy depende de grupos de chat y de la buena voluntad de quien coordina, conversemos.

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